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lunes, 23 de enero de 2023

23 de enero de 1958: El Gobierno Provisorio bajo la “sombra” de la asonada.

 

 Parte I

23 de enero de 1958, el gobierno del General Marcos Pérez Jiménez, quien ostenta la silla presidencial desde diciembre de 1952 llega a su fin.

La expresión del título es un apunte del historiador Elías Pino Iturrieta ante las imprecisiones en la lectura histórica sobre la fecha en que la última dictadura venezolana del siglo XX cayó. “Se trató de un movimiento esencialmente militar"
Imagen: La expresión del título es un apunte del historiador Elías Pino Iturrieta ante las imprecisiones en la lectura histórica sobre la fecha en que la última dictadura venezolana del siglo XX cayó. “Se trató de un movimiento esencialmente militar"

Pérez Jiménez, el presidente más polémico del siglo XX venezolano es quién rompe este siglo a la mitad, hay en Venezuela un antes y un después de su gobierno.

Los primeros días de 1958 comienzan con turbulencia pues el día 1 de enero, oficiales de la aviación intentan bombardear el palacio y el Coronel Hugo Trejo se rebela en Maracay pidiendo la renuncia del presidente, fracasando en la intentona.

El día 9 sectores de la Armada intentan una sublevación que logra evitarse por una negociación, siendo cambiado el gabinete el 10 de enero. Está claro, las Fuerzas Armadas Nacionales están fracturadas.

Estas fracturas dentro de la columna vertebral del gobierno venezolano darán como resultado el 23 de enero de 1958 y la salida de Pérez Jiménez del poder.

Ese 23 de enero en la madrugada es ametrallada la residencia del presidente en El Paraíso, Caracas. Pérez Jiménez y sus hombres de confianza se presentan en Miraflores para analizar la situación. No hay mucho que discutir, se han sublevado los cadetes de la Academia Militar y el alto mando militar le propone al presidente bombardear la academia para terminar la insurrección, según el Mayor Víctor Maldonado, presente en la reunión, Pérez Jiménez ordena a sus edecanes la planificación del vuelo para salir del país seguida de la frase: "Yo no mato cadetes".

"Muchas horas después de la salida de Pérez Jiménez es donde se dan los ya conocidos eventos de calle, entre saqueos muertos producto de la anarquía, vacío de poder y el desorden del populismo" Indicando subliminalmente, LA CULPA ES DE AD.


Parte II

El Gobierno Provisorio: Bajo la “sombra” de la asonada

Por Dr. Pedro G. Itriago Camejo

La evidencia empírica pareciese confirmar que todo gobierno en Venezuela, al menos desde que somos República, nace bajo la “sombra” de la asonada y, por ende, al acecho de los conspiradores, sobre todo si se trata de gobiernos “de facto”. En este orden de ideas, entre 1945 y 1958, en Venezuela se vivió un proceso que no deja de ser interesante. El 18 de octubre de 1945 un gobierno “de jure” fue sustituido por un gobierno “de facto”. Ese gobierno “de facto” terminó entregándole el mando, en 1948, al gobierno que surgió de la constitucionalidad de 1947, siendo en consecuencia aquel que recibe “de jure”.

Imagen: 24 de noviembre de 1948. Contradicción en la oposición. Entre los justificativos del golpe al gobierno de Rómulo Gallegos estuvo la belicosidad de la fracción extremista de AD y maniobras para dominar a las Fuerzas Armadas


El 24 de noviembre de 1948, el gobierno “de jure” que surgiese en 1947, es sustituido por un gobierno “de facto”. Y en 1953, en virtud de la constitucionalidad creada entre 1952 y 1953, surge un gobierno “de jure” que, el 23 de enero de 1958, por abandono del cargo del “Presidente Constitucional de la República”, es sustituido por un gobierno “de facto”. De manera que entre 1945 y 1958, el gobierno de Venezuela pasa de una situación “de facto” a una situación “de jure” y de una situación “de jure” a una situación “de facto”. Una suerte de ritmo pendular que se detuvo, aparentemente, a finales de 1962 y hasta comienzos de 1992, sí se considera el tiempo de la insurrección armada guerrillera más como un conflicto militar de baja intensidad, que como una conspiración de naturaleza civil-militar.

En todo caso, el “Gobierno Provisorio” de 1958, “de facto” en su origen, no fue la excepción del período. El 23 de julio de ese año y luego el 7 de septiembre con mayor intensidad, fue objeto de dos asonadas. La primera, el 23 de julio, acaudillada por el propio Ministro de la Defensa de entonces, el General Jesús María Castro León, a quien sus compañeros de armas apodaran entonces “El Cabo”. Como una muestra del “oficio paralelo” que Castro León (según el Contralmirante Larrazábal) ha tenido desde que egresó de las aulas de la Escuela de Aviación Militar [1], el díscolo oficial intenta una vez más “tomar el poder político”.

Descendiente directo del GeneralCipriano Castro, más específicamente, siendo su nieto, el General Castro León hizo parte de cuanta conspiración, asonada (o intento de ella) se hiciese pública (o fuese soterrada) al interior de las Fuerzas Armadas. En esta oportunidad, estuvo a punto de involucrar a buena parte de la oficialidad de la institución armada, en un momento dónde la ausencia de Pérez Jiménez (quien se habría marchado intempestivamente de Venezuela como solía decir la letra de una afamada canción peruana más reciente “sin adiós, ni despedida”), hubiese dejado un “vacío militar y presidencial” que Castro León acaso se creyese con legítimo derecho de llenar, aun estando de acuerdo todo el Alto Mando Militar (aquel que había terminado formándose, a saber, el Coronel Pedro José Quevedo, el Coronel Roberto Casanova, el Coronel Abel Romero Villate y el Coronel Carlos LuisAraque) en escoger al Contralmirante Larrazábal para que ocupara el cargo de Primer Mandatario Nacional, en virtud de ser entonces el oficial de más alto rango, más antiguo y en servicio activo para la madrugada del 23 de enero de 1958.

Castro desoyó esa voz y pretendió prorrumpir en el escenario, por medio de la fuerza y en uso de su proverbial impostura golpista, a los pocos meses de instalada la Junta de Gobierno, tras una “crisis militar” que se le presentase al Gobierno Provisorio. “Puesto a buen recaudo”, renuncia a la cartera de defensa y abandona el país [2]. Repetirá su “periplo conspirativo”, en 1960 y por última vez en su vida. Su temperamento levantisco lo llevará a los brazos de la muerte: morirá preso en el Cuartel San Carlos, en circunstancias que algunos autores consideran obscuras.

La segunda, la del 7 de septiembre de 1958, tiene por detrás al Coronel Hugo Trejo y como caras visibles al Teniente Coronel Juan de Dios Moncada Vidal, a los  Mayores Hely Mendoza Méndez y Luis Alberto Vivas Ramírez, así como entre otros oficiales subalternos, a los Tenientes Manuel Silva Guillén y Víctor Gabaldón. Se trata de una insurrección del batallón de Policía Militar que involucra, además, elementos de la Policía Municipal de Caracas. Trejo no participó directamente porque había sido “convenientemente” designado por Larrazábal “Embajador de Venezuela en Costa Rica”, el 27 de abril de ese mismo año, a resultas de lo cual el “inquieto” militar hubo de salir del país “raudamente” para cumplir su “diplomática” misión. Es esta la asonada a que (por su magnitud y parecido con otra más reciente) nos referiremos en detalle en las próximas líneas.

Imagen: Coronel Hugo Trejo

En la madrugada del 7 de septiembre, el Coronel Pedro José Quevedo, oficial del Ejército miembro de la Junta de Gobierno, recibe una llamada telefónica del Coronel Rafael Arráez Morles, Jefe de la Policía de Caracas, en la que le informa “… que efectivos de la Escuela de Policía de El Junquito se habían desplazado sobre Caracas por orden del Director de dicha Escuela, Mayor Luis Alberto Vivas Ramírez y al mando del Teniente Manuel Silva Guillén, con el objeto de tomar las radiodifusoras y como inicio de una rebelión armada.”[3] Arráez Morles es claro: se está iniciando una rebelión y es armada.

Más tarde, luego de las 03:30 horas, el Coronel Arráez Morles informa al Coronel Quevedo, quien en el Palacio Blanco ya se encuentra con los Doctores Numa Quevedo, Ministro de Relaciones, y Julio Diez, Gobernador del Distrito Federal, que las radiodifusoras han sido rescatadas por unidades de la Policía Militar, poniendo bajo arresto a los alumnos de la Policía Municipal que estaban custodiando las instalaciones de esos medios. El Coronel Quevedo se ha puesto en contacto con otros mandos militares del país, así como con el Coronel Marco Aurelio Moros, Comandante General del Ejército, para determinar la magnitud de la insurrección. Sin embargo, llama poderosamente la atención del oficial trujillano que sean, precisamente, las tropas de la Policía Militar, las que hayan rescatado las radiodifusoras, si aún los alumnos de la Escuela de Policía no se habían aproximado a sus objetivos, según información que el mando militar consultado le hace llegar.

Imagen: General de División Pedro José Quevedo

Es así como el Coronel Quevedo se apercibe que se trata de una “maniobra de diversión” para confundir a los mandos militares leales a la Junta. El Doctor Numa Quevedo relata: “La situación, sin duda, aparecía sumamente confusa y peligrosa por cuanto se desconocía el verdadero alcance del movimiento militar…”[4] Estando en las cavilaciones propias del momento y en el acometimiento simultáneo de las coordinaciones militares respectivas, el Teniente Víctor Gabaldón, al mando de una unidad de tanques, rodea el Palacio Blanco y conmina a rendición a los miembros de la Junta allí reunidos, so pena de bombardear la instalación si no recibe respuesta en minutos. Ante la negativa de los ocupantes de Palacio de rendirse, el Teniente Gabaldón insiste y el Doctor Quevedo relata: “Por dos veces más el oficial rebelde insistió en la rendición y en actitud agresiva dirigió los cañones de los tanques contra el edificio, diciendo haber reconocido ya la nueva Junta de Gobierno y pidiendo igualmente que ésta fuera reconocida por el Coronel Quevedo y sus asesores.”[5] La respuesta del Coronel Quevedo es terminante: “…no hay más Junta de Gobierno que la que viene actuando desde el 23 de enero con el apoyo del Ejército y el pueblo venezolanos. De aquí nos sacan muertos.”[6]

El General Josué López Henríquez, quien desde el 24 de julio de ese año ha sustituido al General Castro León en el Ministerio de la Defensa, está “rodeado” también en el Palacio Blanco. Y en consecuencia, narra el Doctor Quevedo: “Ante la gravedad de la situación y la necesidad de que el Ministro de la Defensa pudiera actuar libremente en otro Comando, el General López Henríquez pudo evadirse por el ascensor que da hacia el garaje del Palacio y ordenó a una de las radiopatrullas que lo condujera a sitio seguro.”[7]

El cuartel de la Policía Militar dónde tienen origen las órdenes y movimientos de los insurrectos, a las 0500 horas de la mañana, del mismo 7 de septiembre, es finalmente recuperado por un grupo de oficiales leales y es puesto preso el Mayor Hely Mendoza Méndez. Y continúa relatando en Dr. Quevedo: “Ya en poder del Gobierno el cuartel sublevado, se ordenó el retiro de los tanques que apuntaron hacia el Palacio Blanco y ante el fracaso de la intentona, el Coronel Quevedo se dispuso a elaborar un mensaje a la nación, informándola de lo acontecido y particularmente del restablecimiento total del orden, todo lo cual se había logrado a las seis de la mañana.”[8]

Pero lo que ocurrió después es lo que tiene un interesante parecido con los acontecimientos que han ocurrido en más recientes fechas en Venezuela y cuyos actores, reiteramos, insisten en llamar “evento único en nuestra historia patria”. Dejemos que sea uno de sus protagonistas, el Doctor Numa Quevedo, quien además ha estado haciendo el relato de los hechos, quien describa los acontecimientos a partir de las 0600 horas:

“Miles de personas se aglomeraron frente al Palacio Blanco y ante una gigantesca manifestación el Coronel Quevedo y los Doctores Numa Quevedo y Julio Diez, explicaron el desarrollo de los acontecimientos y el total dominio de la situación. En igual forma lo hicieron el Doctor Sosa y los Ministros que lo acompañaban. Desgraciadamente, por lamentable confusión que se atribuye al descuido de un guardia quien se le fue un disparo, hubo violentos tiroteos y ráfagas de ametralladora, resultando, dolorosamente, muertos y heridos civiles. Luego, entre otras cosas, por la acción de franco-tiradores apostados en edificios cercanos al Palacio Blanco, a quienes se considera agentes del pérezjimenismo, se produjeron otras descargas de las que surgieron más víctimas, inclusive de la Marina y de la Policía Militar.”[9]

La descripción del Dr. Quevedo es gráfica. Una “manifestación gigantesca”, “ministros que se dirigen a la multitud” lo cual implica un apoyo mayoritario de la población a la Junta en funciones. Desgraciadamente, la “acción de francotiradores” y “un disparo accidental” producen “ráfagas de ametralladora” con saldo de muertos heridos que terminan empañando la jornada, sin bajas que lamentar hasta ese momento. Pero, en medio de todos estos acontecimientos, ¿Dónde está el Presidente de la Junta? Según relata el Doctor Quevedo, el Almirante-Presidente viene en camino de La Guaira, específicamente de la residencia presidencial de La Guzmania, dónde había permanecido pendiente del desarrollo de estos aciagos eventos y “… desde dónde, en vibrantes y emocionadas palabras, se dirigió al pueblo e impartió todas las órdenes militares concernientes.”[10]

Imagen: Integrantes de la Junta de Gobierno, Coronel Pedro José Quevedo, Edgar Sanabria, Wolfgang Larrazábal.


El Almirante Larrazábal, arriba a las inmediaciones y luego al propio Palacio Blanco; respecto de esas incidencias, relata el Dr. Quevedo:

“Fue recibido por una gran manifestación popular junto con el doctor Sanabria, el coronel Araque y los Ministros que lo acompañaban en su gira por el interior. Dando gran muestra de fe y confianza, bajaron del automóvil y caminaron hacia la Avenida Sucre. Allí tomaron de nuevo sus vehículos y entraron al Palacio Blanco en medio de cerradas descargas de fusilería que nuevamente provocaban las imprudencias señaladas.”[11]

De nuevo un conjunto de actos de habla que remite al apoyo generalizado de la población que circunda el Palacio. El Almirante Larrazábal es recibido por “una gran manifestación popular” a la que el Presidente “dando gran muestra de fe” acompaña caminando por la Avenida Sucre, aledaña al Palacio, para retomar la marcha en vehículo. “Cerradas descargas de fusilería” señalan su entrada triunfal, ocasionando en el ínterin “las imprudencias ya señaladas”. Y culmina su narración el Doctor Quevedo:

“Desde el balcón del Palacio, el Contralmirante Larrazábal se dirigió al pueblo, anunció el merecido castigo para los culpables, habló de las medidas civiles y militares que tomaría el Gobierno, exigió calma y serenidad de ánimo, y la multitud, que tiene fe y confianza en la palabra del Presidente de la Junta de Gobierno, lo escuchó con entusiasmo y respeto aplaudiendo sus intervenciones. El Contralmirante estableció contactos con todas las fuerzas militares del país, conversó con los dirigentes políticos y sindicales y pidió luego al pueblo que se retirara a sus casas para evitar incidentes callejeros, el cual, como siempre, atendió al llamado del Presidente de la Junta de Gobierno.”[12]

El Presidente le habla al pueblo “desde el balcón de Palacio”, quien lo escucha con “entusiasmo y respeto, aplaudiendo sus intervenciones”; anuncia medidas, distribuye culpas pero exige “serenidad y calma” a ese mismo pueblo que lo acompaña. Finalmente, les pide se retiren a sus casas “para evitar incidentes”. Previamente ha conversado con líderes políticos y dirigentes sindicales, y establecido contacto con las fuerzas militares. El país ha regresado a la calma. La Junta ha triunfado y salido de la “sombra” de una asonada más. Según el Doctor Quevedo, fundamentalmente porque la gente tiene “fe y confianza en la palabra del Presidente de la Junta de Gobierno”.

El país será conducido por esta Junta de Gobierno hacia un proceso electoral que finalmente tendrá lugar el último mes de 1958. Pero, aún en paz, habrá que establecer acciones que la Junta (particularmente el Ministerio de Relaciones Interiores) definirá como “Medidas de Alta Policía”. Y esta asonada, así como tales medidas, generarán “culpas y culpables” y de esas “culpabilidades” vendrán por retruque más “señalamientos” algunos de los cuales se materializarán en acciones legales inusitadas pero contundentes. De esas “culpas”, “culpables” y sus resultados, hablaremos en nuestro próximo artículo. Mientras, la clepsidra política sigue decantando arena del pasado, una arena de brillos y matices sorprendentemente parecidos a aquellos de un presente próximo. ¿Genio y figura?

[1] “Yo conocía desde hacía mucho tiempo a Castro León; en Washington estuvimos juntos y tuvimos problemas, cosas que suceden en la vida militar y de las cuales no tenemos por qué quejarnos. Castro León fue un hombre que le gustó conspirar siempre, de teniente, de mayor, de coronel, a Castro León le gustaba conspirar.” Entrevista realizada al Vicealmirante Wolfgang Larrazábal Ugueto por el Capitán de Navío Jairo Bracho Palma, en 1996 y publicada en su libro “Hombres de Hierro” en la sección correspondiente a la biografía del Almirante Larrazábal. Recuperado de internet en https://issuu.com/historianaval/docs/hombres_de_hierro.

[2] “Mira cabo, me has llamado dos veces, qué te pasa”… “Almirante que estoy alzado…” Wolfgang ríe…”Cómo que estás alzado, qué cuestión es esa, quién se va a alzar en este país, deja la tontería chico…” Entrevista realizada por el Capitán de Navío Jairo Bracho Palma al Embajador Carlos Tayhalrdat, quien fungiese, con el grado de Teniente de Navío, como ayudante del Almirante Larrazábal como Presidente de la Junta de Gobierno. Tayhlardat presenció la conversación citada. Recuperado de internet en https://issuu.com/historianaval/docs/hombres_de_hierro.

[3] Quevedo, Numa; El gobierno provisorio. 1958. PENSAMIENTO VIVO. LIBBRERIA HISTORIA. Caracas, 1963. Pág.200.

[4] Quevedo…Op.Cit…Pág. 201.

[5] Quevedo…Idem…Pág.201.

[6] Quevedo…Idem…Pág.201.

[7] Quevedo…Idem…Pág.201.

[8] Quevedo…Idem…Pág.202.

[9] Quevedo…Idem…Pág.202. Aquí sobreviene una pregunta. ¿Fueron “únicos en la historia patria” los eventos el 11 de abril de 2002? “…muertos y heridos civiles…”; “…acción de franco-tiradores…”; “…gigantesca manifestación frente al Palacio Blanco…”; más víctimas, inclusive personal de tropa. Militares y ministros que se dirigen a la multitud para explicar “…el desarrollo de los acontecimientos…”. Interesante el contenido de tales ilocuciones…

[10] Quevedo…Idem…Pág.203.

[11] Quevedo…Idem…Pág.203.

[12] Quevedo…Idem…Pág.203. De nuevo sobreviene una pregunta equivalente a la del pie de página N°9: ¿Fueron “únicos en nuestra historia patria” los eventos del 12 y 13 de abril  de 2002? El Presidente “recibido por una multitud”; “camina junto a la gente” y se da un baño de pueblo. Recibido entre vítores por las tropas que lo custodian. “Establece contacto con los mandos militares afectos”, “dirigentes políticos y sindicales que lo apoyan” y “le habla al pueblo desde el balcón de Palacio” pidiéndole “calma y serenidad de ánimo” y conminándolo que se retire a sus casas, para evitar incidentes.



sábado, 22 de octubre de 2022

 

domingo, 28 de junio de 2020

Carlos Julio González Rojas (Mascagrapa)


Por Manuel Matos Díaz (19 de abril de 2019)

 “Se aprende a hablar, hablando. A estudiar, estudiando. A trabajar, trabajando. De igual forma se aprende a amar, amando.”   San Francisco de Sales

Carlos Julio González Rojas,  hijo de doña Carmen Benita Rojas, (La Negra) y  don  Ángel Rosendo  Aragort (Chicho González), casado con Celenia Chacín de cuya unión nacen  sus tres hijos: WilfredoÁngel y Julio José. Sus hermanas María Antonia, Amanda, Thais, Matilde y  Mirian. Su hermano mayor, Ignacio y medio Guaribe como familia, vecinos de Samán Gacho.

Carlos Julio González Rojas y Julio José González Chacín

Carlos Julio, como todo hijo de San José de Guaribe, fue un personaje que como todos, con defectos y virtudes, solo que en este caso son más las virtudes. Su personalidad se destacaba por ser amable, solidario, consecuente y muy  querido por un  pueblo que lo vio nacer. En todo momento demostró el amor hacia la tierra, ese olor a barro y a bosta de ganado, de la leche recién ordeñada, de la brisa mañanera, de esa puesta de sol entre cantaras de leche, trabajador incansable como cualquiera de los peones, jodedor, ocurrente, de café recién colao’, hombre de a caballo, de recorrer sabanas, montañas y caminos. De ese Carlos Julio quiero recordar.

  Carlos Julio viene de una de las segunda familia más pudientes de la época; dedicados a todo lo referente a la ganadería y al agro, Carlos Julio estudió su primaria en una escuelita que estaba ubicada al frente de la señora Carmen (La Bachillera), vecina de la logia masónica y al frente donde el Dr. Fernández tenía su clínica, más o menos se situaba la  escuela, que era dirigida por el esposo de Carmen, el muy famoso Bachiller González,  quien era el  maestro.E es de hacer notar que muy poca gente tenía acceso a la escuela, ya que apenas se iniciaba la educación primaria al llegar a la secundaria que no se podía continuar en Guaribe. Su hermana, Amanda González actuando como representante, se lleva a Cipriano Barrios y Carlos Julio a Caracas para continuar los estudios de bachillerato, a los  Salesianos, orden que pertenece a la congregación religiosa católica de San Francisco de Sales, específicamente en la Candelaria, y no precisamente por ser unos santos o de alguna vocación religiosa, sino porque era donde se podía recibir una mejor formación. Sin temor a equivocarme, soy de la opinión que es allí, con los salesianos que reciben la formación que va a marcar un ante y un después en la vida de nuestro personaje, y adquirir valores que preservan durante toda su vida. Allí va a conocer a quien sería su compañero y amigo de clases, el escritor y economista Jóvito Martínez Guarda, quien a su vez resulta ser de Guanape, y su padre Francisco de Paula Martínez Velásquez (Paco Martínez).  Allí se van a afianzar los lazos de hermandad y compañerismo. La anécdota a resaltar, es que Jóvito casi siempre fue el número uno en clases hasta que llegaron Cipriano y Carlos Julio, que se plantearon el reto de ser los mejores y, así ocurrió. Carlos Julio  llegó a ser el mejor estudiante de los Salesianos.

 Guaribe es una tierra que se extraña en ausencia y todo lo que aguarda en cada regreso es lo que se deja acumulado, es un pedazo de la vida como un miembro del cuerpo no amputable. Hay que destacar que los guariberos no pueden estar lejos de su terruño, porque se amarran de cierta forma a sus afectos familiares, costumbres, amores y amigos, a sus calles, al río, a sus hermosas muchachas de camisa de cuadritos en un borde de la manga, o en el paseo nocturno por su plaza de tubos que invitan a la tertulia obligada, a los amores secretos. No es para menos las horas y días del retorno necesario, así que   cuánto permiso obtenían,  ¡Dale pa’ Guaribe..! Tanto así, que cuando cursaba el tercer año, y ya haber estado en su terruño, partieron de Guaribe para Caracas, ya que ese lunes siguiente tenían clases, pero súbitamente al llegar al Chala, en Altagracia de Orituco, deciden retornar de nuevo a Guaribe. Al llegar a Guaribe se consiguen con  José Antonio AnatoIsmael Sifontes y el flaco Urbina  y se van hacia el club; piden una botella de whisky y Carlos Julio le da la noticia del abrupto regreso.  A los ya contrariados amigos le dice: “Yo no voy más y si les preguntan digan que fue por amor. Fue la claudicación definitiva de sus estudios, para dedicarse a una de sus pasiones que era la ganadería.

Carlos Julio (Mascagrapa), como la mayoría de las personas que leen esta nota, saben que en Guaribe nadie se salva de su sobrenombre, y si usted es del pueblo y cree no tenerlo, averigüe que se llevará una  sorpresa. Mascagrapa era el sobrenombre de Carlos Julio, esto no he logrado saber quién lo bautizó, pero sí porque le decían así: La cara de Carlos Julio era como de arrecho, como quien mastica hierro o grapas de alambre de púas. Yo en lo particular jamás le dije así, yo era un carajito adolescente y en casa nos enseñaban a respetar a los mayores. Pero de que le decían Mascagrapa, le decían, sólo que eso era pura apariencia aunada a su carácter, un carácter que cuando de ser necesario emergía para la defensa de sus principios,  y  porque le gustaban las cosas bien hechas. En el fondo era un pan de Dios, amigo, servicial, solidario. En cierta ocasión lo detuvo un amigo y le pidió, a manera de ruego, que lo ayudara que tenía un problema y que si le podía prestar tres bolívares que en la época era un dineral. Carlos Julio se metió la mano al bolsillo del pantalón y saco una moneda de cinco bolívares, y le dijo !Hombre! anda a disfrutar tus realitos” Así era él. Jamás presumió de grandezas ni de linajes, era amigos de todos. Me atrevo  asegurar que era más amigo de los campesinos  que  de muchos  “Juán José”, por aquello de la canción. El sobrenombre de Mascatubo  lo tenía también, pero ese lo heredó Ángel, su hijo.

Carlos Julio fue muy amigo de casa de mi padre y eran como hermanos, se ayudaban mucho. Mi padre y yo íbamos mucho a su finca “El Salto” a hacer trabajos en los corrales, y es allí, donde aprendo las faenas ganaderas, el ordeño, a herrar ganado a montar. Es mi primer contacto con lo que significaba la ganadería, incluso de pasar toda la tarde de los domingo en la finca con alguna parrilla, o actividad que Carlos Julio  inventaba, así como también asiduos visitante a su casa en Guaribe, que casi parecía un zoológico. Era amante de los animales y sobre todo de los pájaros, de hecho mandó a construir una jaula muy grande para albergar las múltiples especies de aves. El amigo Germán Guzmán se encargaba de todo ese patio.

Fue un hombre muy querido, ya que a lo que se comprometía le ponía toda la pasión y dedicación posible. Si era jugando fútbol, una de sus pasiones y el dueño de la pelota, porque el que tenía un balón de futbol ya era mínimo “dueño de un equipo.” Aún recuerdo que usaba unos zapatos de hierro, los que llaman “taco” para jugar  él y todo su equipo. También fue un gran coleador, junto a su hermano Ignacio González, una dupla muy exitosa; por aquella época la manga de coleo era una vaina hecha de madera con astillas y palos, por lo que se decide hacer una manga de coleo nueva de tubos, como dirían, una vaina bien hecha y, de la Gobernación de Guárico, su tío el gobernador Dr.: José Ignacio González Aragort, trae el trofeo para la gran inauguración de la manga de coleo. Eso fue el 19 de marzo del año 1970, cuando el Dr. trae el primer trofeo que se entregaría al vencedor de la competencia que fue Carlos Julio, el triunfador de esa tarde de toros, y no por ser familia del gobernador, los conocedores saben que hay ciertas condiciones del coleo para declarar un ganador.

Puedo decir, sin temor a equivocarme, que fue un hombre como todos pero sobre todo un hombre muy justo y correcto con los demás, no era de aparentar o de mirar por encima del hombro, y eso lo demuestra esta anécdota una de las tantas que se produjeron. En cierta ocasión salía de su finca con los trabajadores y, así con olor a bosta de ganado con ropa de faena, se presentó en el club de Guaribe, un sitio donde había cierta exclusividad no accesible a todo. Así era en aquel entonces, cuando ciertos grupos  tenían el privilegio y parecía como un club privado, con aires de supuestos abolengos o noblezas formadas en la mente, porque de eso, nada. Siguiendo el cuento, se presenta Carlos Julio con sus empleados y pide una botella de whisky, una de ron ya que los obreros eran más dado a las bebidas espirituosas. Y espera, y espera… pero se oye un murmullo entre los asistentes, y aparece en escena el buen amigo Anato Espinoza, el popular “Rayito”, y se dirige a Carlos julio para decirle con voz asustadiza “Carlos Julio, te mandan a decir que te podemos despachar a ti, no a tus obreros”. Acto seguido, se para Carlos Julio de su silla y le dice arrecho a “Rayito”…  “O atiendes a mis empleados o acabo esta vaina a tiros”. Acto seguido, !todos fueron atendidos! Quiero aclarar que eso no se le ocurrió a “Rayito”, sino que algunos asistentes lo mandaron  para que diga eso a Carlos julio, ya que ciertas presencias eran extremadamente incómodas por los prejuicios típicos de la época.

EL MARATÓN DE BAILE DE TRES DÍAS

Julio José González Chacín
Por aquella época, llega un señor y plantea hacer una actividad. Al parecer era un señor que buscaba alguna manera de hacer unos realitos y plantea el famoso maratón de baile de tres días, seguido con ciertas condiciones: el cobro de la entrada, la participación y un equipo de sonido en el club social. Se inscribieron muchas parejas e individuales. Total la idea era así, aunque fuese uno tenía que completar la competencia. Llegado el gran día, se da inicio. Primer día, segundo día pero por la tarde, el equipo de sonido no aguanta la pela e interviene Carlos Julio, que andaba con su hijo Julio y le dice que fuese a casa y trajera el equipo, porque no se podía detener la competencia. Aparece Julio  y, el señor ya cansado, lo deja de disc-jockey, ya que no se podía detener la música. Carlos Julio comienza a apoyar a José Orsinis (El Cura) y José Haché (El Árabe) y a la señorita  Rosita Campos. Y,  férrea competencia entre estos dos, pero joder!!!  No faltan en Guaribe  los jodedores de siempre. A los participantes se les  daban  alimentos y bebidas, pero sin dejar de bailar. Se cuenta que  le han echado algo en la bebida del  “Cura”… ¡Un purgante!, lo que desató la mayor diarrea que lo sacó de la competencia y, es así, como gana la bella Rosita Campos. ¡Enhorabuena!

por primera vez las fiestas eran para el pueblo y no obedecían a intereses mercantiles, fiestas para la gente con los camiones del señor Chivico para ser usados como tarima, música hasta el amanecer en pleno asfalto, un día tras otro y con distintas locaciones para el disfrute de un pueblo donde todos éramos una gran familia, así eran las Fiestas Patronales de San José de Guaribe, dirigidas con un gran equipo y de la mano de ese gran hombre que fue Carlos Julio González Rojas (Mascagrapa)… HONRA A SU MEMORIA.

NOTA ESPECIAL: En memoria a José Marrero, quien colaboro con la confirmación de cierta información. Al amigo Ramón Canache, testigo y amigo de Carlos Julio. Gracias.