23 de
enero de 1958, el gobierno del General Marcos Pérez Jiménez, quien ostenta la
silla presidencial desde diciembre de 1952 llega a su fin.
Pérez
Jiménez, el presidente más polémico del siglo XX venezolano es quién rompe este
siglo a la mitad, hay en Venezuela un antes y un después de su gobierno.
Los
primeros días de 1958 comienzan con turbulencia pues el día 1 de enero,
oficiales de la aviación intentan bombardear el palacio y el Coronel Hugo Trejo
se rebela en Maracay pidiendo la renuncia del presidente, fracasando en la
intentona.
El
día 9 sectores de la Armada intentan una sublevación que logra evitarse por una
negociación, siendo cambiado el gabinete el 10 de enero. Está claro, las
Fuerzas Armadas Nacionales están fracturadas.
Estas
fracturas dentro de la columna vertebral del gobierno venezolano darán como
resultado el 23 de enero de 1958 y la salida de Pérez Jiménez del poder.
Ese
23 de enero en la madrugada es ametrallada la residencia del presidente en El
Paraíso, Caracas. Pérez Jiménez y sus hombres de confianza se presentan en
Miraflores para analizar la situación. No hay mucho que discutir, se han
sublevado los cadetes de la Academia Militar y el alto mando militar le propone
al presidente bombardear la academia para terminar la insurrección, según el
Mayor Víctor Maldonado, presente en la reunión, Pérez Jiménez ordena a sus
edecanes la planificación del vuelo para salir del país seguida de la frase:
"Yo no mato cadetes".
"Muchas
horas después de la salida de Pérez Jiménez es donde se dan los ya conocidos
eventos de calle, entre saqueos muertos producto de la anarquía, vacío de poder
y el desorden del populismo" Indicando subliminalmente, LA CULPA ES DE AD.
Parte II
El
Gobierno Provisorio: Bajo la “sombra” de la asonada
Por Dr. Pedro G. Itriago Camejo
La evidencia empírica pareciese
confirmar que todo gobierno en Venezuela, al menos desde que somos República,
nace bajo la “sombra” de la asonada y, por ende, al acecho de los
conspiradores, sobre todo si se trata de gobiernos “de facto”. En este orden de
ideas, entre 1945 y 1958, en Venezuela se vivió un proceso que no deja de ser
interesante. El 18 de octubre de 1945 un gobierno “de jure” fue sustituido por
un gobierno “de facto”. Ese gobierno “de facto” terminó entregándole el mando,
en 1948, al gobierno que surgió de la constitucionalidad de 1947, siendo en
consecuencia aquel que recibe “de jure”.
El 24 de noviembre de 1948, el
gobierno “de jure” que surgiese en 1947, es sustituido por un gobierno “de
facto”. Y en 1953, en virtud de la constitucionalidad creada entre 1952 y 1953,
surge un gobierno “de jure” que, el 23 de enero de 1958, por abandono del cargo
del “Presidente Constitucional de la República”, es sustituido por un gobierno
“de facto”. De manera que entre 1945 y 1958, el gobierno de Venezuela pasa de
una situación “de facto” a una situación “de jure” y de una situación “de jure”
a una situación “de facto”. Una suerte de ritmo pendular que se detuvo,
aparentemente, a finales de 1962 y hasta comienzos de 1992, sí se considera el
tiempo de la insurrección armada guerrillera más como un conflicto militar de
baja intensidad, que como una conspiración de naturaleza civil-militar.
En todo caso, el “Gobierno
Provisorio” de 1958, “de facto” en su origen, no fue la excepción del período.
El 23 de julio de ese año y luego el 7 de septiembre con mayor intensidad, fue
objeto de dos asonadas. La primera, el 23 de julio, acaudillada por el propio
Ministro de la Defensa de entonces, el General Jesús María Castro León, a quien
sus compañeros de armas apodaran entonces “El Cabo”. Como una muestra del
“oficio paralelo” que Castro León (según el Contralmirante Larrazábal) ha
tenido desde que egresó de las aulas de la Escuela de Aviación Militar [1], el
díscolo oficial intenta una vez más “tomar el poder político”.
Descendiente directo del GeneralCipriano Castro, más específicamente, siendo su nieto, el General Castro León
hizo parte de cuanta conspiración, asonada (o intento de ella) se hiciese
pública (o fuese soterrada) al interior de las Fuerzas Armadas. En esta
oportunidad, estuvo a punto de involucrar a buena parte de la oficialidad de la
institución armada, en un momento dónde la ausencia de Pérez Jiménez (quien se
habría marchado intempestivamente de Venezuela como solía decir la letra de una
afamada canción peruana más reciente “sin adiós, ni despedida”), hubiese dejado
un “vacío militar y presidencial” que Castro León acaso se creyese con legítimo
derecho de llenar, aun estando de acuerdo todo el Alto Mando Militar (aquel que
había terminado formándose, a saber, el Coronel Pedro José Quevedo, el Coronel Roberto Casanova, el Coronel Abel Romero Villate y el Coronel Carlos LuisAraque) en escoger al Contralmirante Larrazábal para que ocupara el cargo de
Primer Mandatario Nacional, en virtud de ser entonces el oficial de más alto
rango, más antiguo y en servicio activo para la madrugada del 23 de enero de
1958.
Castro desoyó esa voz y pretendió
prorrumpir en el escenario, por medio de la fuerza y en uso de su proverbial
impostura golpista, a los pocos meses de instalada la Junta de Gobierno, tras
una “crisis militar” que se le presentase al Gobierno Provisorio. “Puesto a buen recaudo”,
renuncia a la cartera de defensa y abandona el país [2]. Repetirá su
“periplo conspirativo”, en 1960 y por última vez en su vida. Su
temperamento levantisco lo llevará a los brazos de la muerte: morirá preso en
el Cuartel San Carlos, en circunstancias que algunos autores consideran obscuras.
La segunda, la del 7 de septiembre de
1958, tiene por detrás al Coronel Hugo Trejo y como caras visibles al Teniente
Coronel Juan de Dios Moncada Vidal, a los
Mayores Hely Mendoza Méndez y Luis Alberto Vivas Ramírez, así como entre
otros oficiales subalternos, a los Tenientes Manuel Silva Guillén y Víctor
Gabaldón. Se trata de una insurrección del batallón de Policía Militar que
involucra, además, elementos de la Policía Municipal de Caracas. Trejo no participó
directamente porque había sido “convenientemente” designado por Larrazábal
“Embajador de Venezuela en Costa Rica”, el 27 de abril de ese mismo año, a
resultas de lo cual el “inquieto” militar hubo de salir del país “raudamente”
para cumplir su “diplomática” misión. Es esta la asonada a que (por su magnitud
y parecido con otra más reciente) nos referiremos en detalle en las próximas
líneas.
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Imagen: Coronel Hugo Trejo |
En la madrugada del 7 de septiembre,
el Coronel Pedro José Quevedo, oficial del Ejército miembro de la Junta de
Gobierno, recibe una llamada telefónica del Coronel Rafael Arráez Morles, Jefe
de la Policía de Caracas, en la que le informa “… que efectivos de la Escuela de Policía de El Junquito se habían
desplazado sobre Caracas por orden del Director de dicha Escuela, Mayor Luis
Alberto Vivas Ramírez y al mando del Teniente Manuel Silva Guillén, con el
objeto de tomar las radiodifusoras y como inicio de una rebelión armada.”[3]
Arráez Morles es claro: se está iniciando una rebelión y es armada.
Más tarde, luego de las 03:30 horas,
el Coronel Arráez Morles informa al Coronel Quevedo, quien en el Palacio Blanco
ya se encuentra con los Doctores Numa Quevedo, Ministro de Relaciones, y Julio
Diez, Gobernador del Distrito Federal, que las radiodifusoras han sido
rescatadas por unidades de la Policía Militar, poniendo bajo arresto a los
alumnos de la Policía Municipal que estaban custodiando las instalaciones de
esos medios. El Coronel Quevedo se ha puesto en contacto con otros mandos
militares del país, así como con el Coronel Marco Aurelio Moros, Comandante
General del Ejército, para determinar la magnitud de la insurrección. Sin
embargo, llama poderosamente la atención del oficial trujillano que sean,
precisamente, las tropas de la Policía Militar, las que hayan rescatado las
radiodifusoras, si aún los alumnos de la Escuela de Policía no se habían
aproximado a sus objetivos, según información que el mando militar consultado
le hace llegar.
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Imagen: General de División Pedro José Quevedo |
Es así como el Coronel Quevedo se
apercibe que se trata de una “maniobra de diversión” para confundir a los
mandos militares leales a la Junta. El Doctor Numa Quevedo relata: “La situación, sin duda, aparecía sumamente
confusa y peligrosa por cuanto se desconocía el verdadero alcance del
movimiento militar…”[4] Estando en las cavilaciones propias del momento y
en el acometimiento simultáneo de las coordinaciones militares respectivas, el
Teniente Víctor Gabaldón, al mando de una unidad de tanques, rodea el Palacio
Blanco y conmina a rendición a los miembros de la Junta allí reunidos, so pena
de bombardear la instalación si no recibe respuesta en minutos. Ante la
negativa de los ocupantes de Palacio de rendirse, el Teniente Gabaldón insiste
y el Doctor Quevedo relata: “Por dos
veces más el oficial rebelde insistió en la rendición y en actitud agresiva
dirigió los cañones de los tanques contra el edificio, diciendo haber
reconocido ya la nueva Junta de Gobierno y pidiendo igualmente que ésta fuera
reconocida por el Coronel Quevedo y sus asesores.”[5] La respuesta del
Coronel Quevedo es terminante: “…no hay
más Junta de Gobierno que la que viene actuando desde el 23 de enero con el
apoyo del Ejército y el pueblo venezolanos. De aquí nos sacan muertos.”[6]
El General Josué López Henríquez,
quien desde el 24 de julio de ese año ha sustituido al General Castro León en
el Ministerio de la Defensa, está “rodeado” también en el Palacio Blanco. Y en
consecuencia, narra el Doctor Quevedo:
“Ante la gravedad de la situación y la necesidad de que el Ministro de la
Defensa pudiera actuar libremente en otro Comando, el General López Henríquez
pudo evadirse por el ascensor que da hacia el garaje del Palacio y ordenó a una
de las radiopatrullas que lo condujera a sitio seguro.”[7]
El cuartel de la Policía Militar dónde tienen origen las órdenes y movimientos de los insurrectos, a las 0500 horas de la mañana, del mismo 7 de septiembre, es finalmente recuperado por un grupo de oficiales leales y es puesto preso el Mayor Hely Mendoza Méndez. Y continúa relatando en Dr. Quevedo: “Ya en poder del Gobierno el cuartel sublevado, se ordenó el retiro de los tanques que apuntaron hacia el Palacio Blanco y ante el fracaso de la intentona, el Coronel Quevedo se dispuso a elaborar un mensaje a la nación, informándola de lo acontecido y particularmente del restablecimiento total del orden, todo lo cual se había logrado a las seis de la mañana.”[8]
Pero lo que ocurrió después es lo que
tiene un interesante parecido con los acontecimientos que han ocurrido en más
recientes fechas en Venezuela y cuyos actores, reiteramos, insisten en llamar
“evento único en nuestra historia patria”. Dejemos que sea uno de sus
protagonistas, el Doctor Numa Quevedo, quien además ha estado haciendo el
relato de los hechos, quien describa los acontecimientos a partir de las 0600
horas:
“Miles de
personas se aglomeraron frente al Palacio Blanco y ante una gigantesca
manifestación el Coronel Quevedo y los Doctores Numa Quevedo y Julio Diez,
explicaron el desarrollo de los acontecimientos y el total dominio de la
situación. En igual forma lo hicieron el Doctor Sosa y los Ministros que lo
acompañaban. Desgraciadamente, por lamentable confusión que se atribuye al
descuido de un guardia quien se le fue un disparo, hubo violentos tiroteos y
ráfagas de ametralladora, resultando, dolorosamente, muertos y heridos civiles.
Luego, entre otras cosas, por la acción de franco-tiradores apostados en
edificios cercanos al Palacio Blanco, a quienes se considera agentes del
pérezjimenismo, se produjeron otras descargas de las que surgieron más
víctimas, inclusive de la Marina y de la Policía Militar.”[9]
La descripción del Dr. Quevedo es
gráfica. Una “manifestación gigantesca”, “ministros que se dirigen a la
multitud” lo cual implica un apoyo mayoritario de la población a la Junta en
funciones. Desgraciadamente, la “acción de francotiradores” y “un disparo
accidental” producen “ráfagas de ametralladora” con saldo de muertos heridos
que terminan empañando la jornada, sin bajas que lamentar hasta ese momento.
Pero, en medio de todos estos acontecimientos, ¿Dónde está el Presidente de la
Junta? Según relata el Doctor Quevedo, el Almirante-Presidente viene en camino
de La Guaira, específicamente de la residencia presidencial de La Guzmania,
dónde había permanecido pendiente del desarrollo de estos aciagos eventos y “… desde dónde, en vibrantes y emocionadas
palabras, se dirigió al pueblo e impartió todas las órdenes militares
concernientes.”[10]
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Imagen: Integrantes de la Junta de Gobierno, Coronel Pedro José Quevedo, Edgar Sanabria, Wolfgang Larrazábal. |
El Almirante Larrazábal, arriba a las
inmediaciones y luego al propio Palacio Blanco; respecto de esas incidencias,
relata el Dr. Quevedo:
“Fue
recibido por una gran manifestación popular junto con el doctor Sanabria, el
coronel Araque y los Ministros que lo acompañaban en su gira por el interior.
Dando gran muestra de fe y confianza, bajaron del automóvil y caminaron hacia
la Avenida Sucre. Allí tomaron de nuevo sus vehículos y entraron al Palacio
Blanco en medio de cerradas descargas de fusilería que nuevamente provocaban las
imprudencias señaladas.”[11]
De nuevo un conjunto de actos de
habla que remite al apoyo generalizado de la población que circunda el Palacio.
El Almirante Larrazábal es recibido por “una gran manifestación popular” a la
que el Presidente “dando gran muestra de fe” acompaña caminando por la Avenida
Sucre, aledaña al Palacio, para retomar la marcha en vehículo. “Cerradas
descargas de fusilería” señalan su entrada triunfal, ocasionando en el ínterin
“las imprudencias ya señaladas”. Y culmina su narración el Doctor Quevedo:
“Desde el
balcón del Palacio, el Contralmirante Larrazábal se dirigió al pueblo, anunció
el merecido castigo para los culpables, habló de las medidas civiles y
militares que tomaría el Gobierno, exigió calma y serenidad de ánimo, y la
multitud, que tiene fe y confianza en la palabra del Presidente de la Junta de
Gobierno, lo escuchó con entusiasmo y respeto aplaudiendo sus intervenciones.
El Contralmirante estableció contactos con todas las fuerzas militares del
país, conversó con los dirigentes políticos y sindicales y pidió luego al
pueblo que se retirara a sus casas para evitar incidentes callejeros, el cual,
como siempre, atendió al llamado del Presidente de la Junta de Gobierno.”[12]
El Presidente le habla al pueblo
“desde el balcón de Palacio”, quien lo escucha con “entusiasmo y respeto,
aplaudiendo sus intervenciones”; anuncia medidas, distribuye culpas pero exige
“serenidad y calma” a ese mismo pueblo que lo acompaña. Finalmente, les pide se
retiren a sus casas “para evitar incidentes”. Previamente ha conversado con
líderes políticos y dirigentes sindicales, y establecido contacto con las
fuerzas militares. El país ha regresado a la calma. La Junta ha triunfado y
salido de la “sombra” de una asonada más. Según el Doctor Quevedo,
fundamentalmente porque la gente tiene “fe y confianza en la palabra del Presidente
de la Junta de Gobierno”.
El país será conducido por esta Junta
de Gobierno hacia un proceso electoral que finalmente tendrá lugar el último
mes de 1958. Pero, aún en paz, habrá que establecer acciones que la Junta
(particularmente el Ministerio de Relaciones Interiores) definirá como “Medidas
de Alta Policía”. Y esta asonada, así como tales medidas, generarán “culpas
y culpables” y de esas “culpabilidades” vendrán por retruque más
“señalamientos” algunos de los cuales se materializarán en acciones legales
inusitadas pero contundentes. De esas “culpas”, “culpables” y sus
resultados, hablaremos en nuestro próximo artículo. Mientras, la clepsidra
política sigue decantando arena del pasado, una arena de brillos y matices
sorprendentemente parecidos a aquellos de un presente próximo. ¿Genio y figura?
[1]
“Yo conocía desde hacía mucho tiempo a Castro León; en Washington estuvimos
juntos y tuvimos problemas, cosas que suceden en la vida militar y de las
cuales no tenemos por qué quejarnos. Castro León fue un hombre que le gustó
conspirar siempre, de teniente, de mayor, de coronel, a Castro León le gustaba
conspirar.” Entrevista realizada al Vicealmirante Wolfgang Larrazábal
Ugueto por el Capitán de Navío Jairo Bracho Palma, en 1996 y publicada en su
libro “Hombres de Hierro” en la sección correspondiente a la biografía del
Almirante Larrazábal. Recuperado de internet en
https://issuu.com/historianaval/docs/hombres_de_hierro.
[2]
“Mira cabo, me has llamado dos veces, qué te pasa”… “Almirante que estoy
alzado…” Wolfgang ríe…”Cómo que estás
alzado, qué cuestión es esa, quién se va a alzar en este país, deja la tontería
chico…” Entrevista realizada por el Capitán de Navío Jairo Bracho Palma al
Embajador Carlos Tayhalrdat, quien fungiese, con el grado de Teniente de Navío,
como ayudante del Almirante Larrazábal como Presidente de la Junta de Gobierno.
Tayhlardat presenció la conversación citada. Recuperado de internet en
https://issuu.com/historianaval/docs/hombres_de_hierro.
[3] Quevedo, Numa; El gobierno
provisorio. 1958. PENSAMIENTO VIVO. LIBBRERIA HISTORIA. Caracas, 1963. Pág.200.
[4] Quevedo…Op.Cit…Pág. 201.
[5] Quevedo…Idem…Pág.201.
[6] Quevedo…Idem…Pág.201.
[7] Quevedo…Idem…Pág.201.
[8] Quevedo…Idem…Pág.202.
[9] Quevedo…Idem…Pág.202. Aquí
sobreviene una pregunta. ¿Fueron “únicos en la historia patria” los eventos el
11 de abril de 2002? “…muertos y heridos civiles…”; “…acción de
franco-tiradores…”; “…gigantesca manifestación frente al Palacio Blanco…”; más
víctimas, inclusive personal de tropa. Militares y ministros que se dirigen a
la multitud para explicar “…el desarrollo de los acontecimientos…”. Interesante
el contenido de tales ilocuciones…
[10] Quevedo…Idem…Pág.203.
[11] Quevedo…Idem…Pág.203.
[12] Quevedo…Idem…Pág.203. De
nuevo sobreviene una pregunta equivalente a la del pie de página N°9: ¿Fueron
“únicos en nuestra historia patria” los eventos del 12 y 13 de abril de 2002? El Presidente “recibido por una
multitud”; “camina junto a la gente” y se da un baño de pueblo. Recibido entre
vítores por las tropas que lo custodian. “Establece contacto con los mandos
militares afectos”, “dirigentes políticos y sindicales que lo apoyan” y “le
habla al pueblo desde el balcón de Palacio” pidiéndole “calma y serenidad de
ánimo” y conminándolo que se retire a sus casas, para evitar incidentes.